Si le preguntáramos a alguien por la capital de Estonia podemos obtener cuatro opciones de respuesta:

1. que nos dé la respuesta correcta,
2. que la respuesta sea equivocada,
3. que nos pida un poco de tiempo para responder o
4. que nos diga que no tiene ni idea.

Si deseamos conocer alguna explicación del porqué de su respuesta, en la primera opción nos dirá que ha respondido correctamente porque en alguna ocasión conoció esa información y se le quedó grabada en su memoria y ahora la ha recuperado para responder.

En la segunda opción si le decimos que la respuesta no es correcta se justificará probablemente diciendo que pudo captar mal la información en su momento o que al buscarla en su memoria ha encontrado el nombre de otra ciudad y se ha equivocado.

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